Análisis del conflicto armado en Colombia: Un enfoque decolonial

Por Juliane Zeyen

Septiembre 19, 2021

Las protestas actuales en Colombia (desde Mayo de 2021), van mucho más allá de la demanda de la expulsión de la Reforma Tributaria, y se caracterizan sobre todo por la amplitud de intereses y movimientos presentes, tanto como por la diversidad de participantes y sus demandas. Ese fenómeno muestra que se está pidiendo un cambio fundamental de las estructuras de poder en el país. En muchos casos no se exige simplemente la inclusión sino que se busca la reconfiguración de la sociedad y la redefinición de la democracia y de la ciudadanía. La situación precaria en contra la cual se está levantando el pueblo colombiano es además intensificada por el conflicto armado que hace más de 60 años está perturbando el país.


El pensamiento decolonial permite acercarse a la situación en Colombia a través de varios conceptos y teorías transdisciplinarios que proponen un enfoque en la herencia colonial para explicar las actuales estructuras sociales, políticas y económicas, tanto a nivel nacional, como a nivel global. Importante para el análisis de la situación del conflicto armado, son los planteamientos sobre las estructuras de poder, saber y ser, que surgieron durante la época colonial y que hoy en día son manifestación del estado de colonialidad.


Estatua de Cristóbal Colón: Foto de monumento al almirante Cristóbal Colón, a quien se le atribuye el descubrimiento de América, en el parque Colón, Santo Domingo, República Dominicana, erigida en el año 1.887 por el escultor francés Ernesto Gilbert.

Autor: Jorge Fernández Salas

“La colonialidad se refiere a un patrón de poder que emergió como resultado del colonialismo moderno, pero que en vez de estar limitado a una relación formal de poder entre dos pueblos o naciones, más bien se refiere a la forma como el trabajo, el conocimiento, la autoridad y las relaciones intersubjetivas se articulan entre sí, a través del mercado capitalista mundial y la idea de raza“ (Maldonado-Torres 2007:131).


La afirmación “No hay modernidad sin colonialidad“ (Escobar 2003:61) como punto de partida del pensamiento decolonial, permite una perspectiva crítica para entender las hegemonías económicas, políticas y culturales que se mantienen en pie hasta el día de hoy. Con el comienzo de la supuesta modernidad, jerarquías de raza, “una categoría mental de la modernidad“ (Quijano 2000:202) sirvieron como justificación para el colonialismo e intervenciones en el nombre de dicha modernidad. Estas ideas eurocéntricas formaron el fundamento del racismo, ejerciendo influencia sobre la división laboral, la identidad y la autonomía de las personas y se manifiesta en el estado de vulnerabilidad ante el conflicto armado en el que vive sobre todo la población indígena y afrodescendiente en Colombia.


Además, hay que tener en cuenta que el objetivo principal de la colonización fue la explotación de recursos naturales, que fue vinculado directamente con las estructuras de dominación y el racismo. Para controlar el capital encontrado en América (plata, oro, etc.), los europeos impusieron una estricta división laboral que reflejaba la relación oprimido-opresor con base en la raza. Mientras que los indígenas y los africanos/afrocolombianos trabajaban como esclavos, los europeos ocupaban los puestos directivos en la administración. El invento de la “raza“ funcionó para justificar la división laboral y hacerla parecer natural (Quijano 2002:2004).


Asimismo, el control del trabajo y de todos los ámbitos de la vida en las colonias permitía a los países colonizadores desarrollarse, mientras que el desarrollo de los países explotados estaba “condicionado por el patrón de reproducción del capital” (Treacy 2019:16). En la actualidad, todavía existe esta división laboral que puede ser relacionada con los espacios geográficos y cuya desigualdad “se expresa tanto en la especialización productiva como en las condiciones de trabajo, la remuneración, y los recursos y tecnologías utilizadas, etc.“ (Treacy 2019:15). En resumen, el capitalismo como sistema económico y como herencia de la época colonial sigue manteniendo las estructuras de poder a nivel global y está estrechamente vinculado a la idea de raza.


Las raíces del conflicto armado en Colombia son complejas y diversas. Sin embargo, pueden ser vinculadas con dos aspectos centrales que surgieron durante y después de la época colonial: La desigualdad social y la distribución de tierras. Durante la época colonial y bajo la lógica del capitalismo, los indígenas fueron explotados y expropiados de sus tierras. También después de la independencia de España, las transformaciones económicas y sociales en Colombia fueron controladas por las empresas orientadas a la exportación de recursos (Fajardo 2014:6). No hubo una recompensa para aquellos que durante la época colonial perdieron sus tierras. Más bien, “[…] empezando el siglo XIX no estaban definidos claramente los títulos de propiedad sobre la tierra después de las concesiones reales y capitulaciones otorgadas en el período colonial“ (Machado 2017 en: Restrepo Restrepo & Vargas Angel 2018:35). Por ende, la tierra se volvió un aspecto central al momento de necesitar aclarar los derechos de propiedad. La distribución de las tierras y el control sobre territorios se convirtió en una expresión de las relaciones de poder en la sociedad colombiana.


Las guerrillas en conflicto armado, como las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia) se fundaron originalmente por campesinos y como un movimiento agrícola comunista. Su objetivo y también de otras guerrillas fue el interés en aumentar el acceso a tierras por parte de las clases populares. La importancia que tiene la distribución de tierras hasta hoy en día, se hace notar en el hecho, que el primer punto del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Colombiano y las FARC se llama Reforma Rural Integral (http://tierraendisputa.com).


Lo anterior permite resumir a grandes rasgos que el conflicto armado en Colombia es el resultado del orden social capitalista, que se fue desarrollando durante? en el colonialismo y que consiste en la acumulación de propiedad y la dominación de minorías. Por la necesidad de integrarse al sistema mundial capitalista, los campesinos fueron más y más excluidos, mientras que grandes empresas (extranjeras) tomaron el control sobre los territorios de producción.


Esas dos realidades, el racismo y el capitalismo, forman los ejes centrales para entender que el conflicto armado no surgió de la nada, sino que se relaciona con esa herencia colonial.

Foto de un brazo con el mapa: Representación de la extensión del planeta y su multiculturalidad.

Autor: Don Ross

La consecuencia más lógica entonces sería la superación de la diferencia colonial a través de una transformación decolonial. Los conceptos de paz y las condiciones bajo las que se desarrollan procesos de paz son determinados por ideas y visiones eurocentristas. Así que, cualquier estado de paz que excluya los conocimientos y saberes de los afrodescendientes, los indígenas u otros grupos históricamente menospreciados, es una paz impuesta bajo la lógica colonial. Los motores para una transformación decolonial son por consiguiente los ámbitos de la educación y las instituciones políticas a nivel local y nacional, lugares donde la interculturalidad es vivida y transformada.

El objetivo final es que la sociedad, a través de su conciencia sobre la herencia colonial, cree una nación intercultural que reconozca y se beneficie de su diversidad. La visibilización de la existente herencia colonial y luego la participación del lado oprimido en las instituciones que reproducen la colonialidad, para superarla, podría significar el camino hacia la paz en Colombia.