Morir defendiendo la vida II


Agricultura y territorio: agroindustria, reforma agraria y restitución de tierras

Autor: Iván Beltrán

Colombia es un país con una fuerte y pujante tradición agrícola. Históricamente nuestra economía ha sido impulsada por el boom de ciertos productos como el caucho, la caña de azúcar, el café, las flores y, ahora, el aguacate. Sin embargo, aún con la importancia de la agricultura para la economía colombiana, hace falta una gran inversión estatal para la organización y tecnificación de los pequeños agricultores. Al contrario, los recientes gobiernos han optado por dar importantes cantidades de dinero para la expansión de grandes consorcios agrícolas (incluso ilegales1), relegando a los pequeños productores a vender sus productos a precio de costo y a competir en peores condiciones con países desarrollados con los cuales se han firmado tratados de libre comercio desde 20112.


Tal vez, los casos más notorios de abandono estatal del campo colombiano se observan en regiones remotas de los departamentos de Cauca, Antioquia y Chocó. En estas zonas, el único cultivo rentable es aún el de la planta de coca debido a la falta de infraestructura para cultivar y vender otros productos (ej. acceso a vías, insumos agrícolas, e internet), y a la presión por parte de grupos ilegales sobre campesinos e indígenas por cultivar esta planta, necesaria para mantener el lucrativo negocio de la cocaína. En este sentido, el Acuerdo de Paz fue clave al promover un programa que otorgaba apoyo a los agricultores para sustituir sus cultivos de coca por cultivos alternativos, como el cacao, el banano y el café. Sin embargo, este programa no fue bien implementado. Peor aún, varios de los participantes han sido amenazados y en varios casos asesinados3, por organizaciones criminales que se lucran del tráfico de drogas y continúan dificultando, a cualquier costo, la transformación de cultivos ilícitos.

¿Qué cambió con los Acuerdos de Paz de 2016?


Los Acuerdos de Paz trajeron una reducción importante del número de víctimas de la violencia, brindaron alternativas para la incorporación a la sociedad de los exguerrilleros y en general, nos dieron una esperanza para el fin del conflicto. Sin embargo, la firma del acuerdo de paz también permitió a otros actores acceder a territorios nacionales que antes estaban bajo el control de las FARC. Estos territorios deberían ser un eje fundamental en la planeación para el desarrollo económico y social del país en el futuro, pues la retirada de las FARC permite, en teoría, al gobierno ejercer vigilancia sobre estas tierras. Esto a su vez, debería traer beneficios económicos y ambientales, como la tecnificación agroindustrial, el turismo ecológico y la reducción de los daños ambientales causados por los cultivos ilícitos. Sin embargo, parece que la ausencia de las FARC ha resultado más que nada en un descontrol social, donde algunos productores han aprovechado la ausencia del gobierno nacional -dado que este continúa sin hacer presencia allí- para abrir caminos,  ‘tumbar monte’ para hacer pequeñas parcelas y áreas de pastoreo, incrementando la deforestación de áreas claves para la biodiversidad nacional4. Sin embargo, esta no es la principal razón que hace a Colombia uno de los países con mayor crecimiento de la deforestación a nivel mundial5. Los mayores responsables de la deforestación tienen intereses de expansión agroindustriales a gran escala, los cuales aprovechando la falta de presencia del gobierno se han hecho con miles de hectáreas de bosque.

El conflicto por la tierra productiva y la destrucción del medio ambiente se han intensificado y los líderes y lideresas de las comunidades locales, en su mayoría indígenas y campesinos, se han convertido en un blanco de asesinatos e intimidaciones. Las comunidades rurales están entre las más afectadas por estos intereses agroindustriales, ya que bandas criminales (seguramente defendiendo intereses expansionistas particulares) se han asentado en las regiones en donde anteriormente había una fuerte presencia de la guerrilla de las FARC.

Meta, Caquetá y Guaviare son los departamentos que más han sufrido de la deforestación después de la firma del Acuerdo de Paz y a la vez son regiones del país en donde se han registrado varios asesinatos de líderes ambientales relacionados con la agroindustria (ver Figura 1). No obstante, cómo muestra la Figura, resultado de la investigación de Oigo Paz (usando la base de datos de Indepaz6), los departamentos más afectados son Cauca, Chocó y Antioquia. Nuestra revisión de datos sobre el asesinato de líderes es exhaustiva, pero nunca captará con precisión la verdadera dimensión del problema. La ausencia de exhaustivos registros gubernamentales y la dificultad de registrar (y verificar) casos de ataque a líderes sociales en zonas apartadas del país hacen que las cifras disponibles sean probablemente una subestimación. Más aún, los números y gráficas no logran describir la situación real a la que día a día se enfrentan los líderes y lideresas ambientales.


A nivel mundial podemos observar la misma tendencia. Después de Colombia, Filipinas y Brasil son los países más peligrosos para ser líder ambiental. Según un estudio de Global Witness7, la segunda causa más importante en la muerte de líderes ambientales es, después de la minería, la agroindustria: 34 víctimas solo en 2019, lo que representa un incremento de más del 60% en comparación con el 2018. 


Esta es la situación de muchos campesinos de Colombia, sin embargo, en otras zonas más cercanas a la grandes urbes, la situación no es muy distinta. La falta de vigilancia e inversión estatal es en gran parte responsable de la baja productividad y poca tecnificación del campo colombiano. Por ejemplo, el uso extensivo de tractores y máquinas más eficientes, el acceso a internet, el control de cultivos mediante información satelital e imágenes espectrales, la aplicación de abonos, plaguicidas y semillas con precisión, y la implementación de programas de gestión organizados, son algunas de las diversas tecnologías y soluciones que deben ser implementadas urgentemente en el campo colombiano8. Estas medidas incrementarán significativamente la productividad y las ganancias de los agricultores, al ahorrar insumos y generar valor agregado a los productos básicos mediante procesos ecológicos (ej. certificaciones ambientales) y/o industriales (ej. empaquetados o nuevos derivados).

Igualmente, como Tatiana Orozco García (autora de Oigo Paz) mostró previamente en el artículo “La transformación estructural del campo, una prioridad”9, la desigualdad en la tenencia de tierra en Colombia es muy alta. Más del 50% de los campesinos colombianos no son propietarios de la tierra que trabajan, lo cual prácticamente no ha cambiado desde mediados del siglo XX. La tierra entonces, está en manos de unos pocos, y en muchos casos permanece improductiva pues el bosque se tala solo para poner algunas vacas10.

Por el contrario, los campesinos, trabajando tierras que no son suyas, producen un gran porcentaje del alimento consumido en el país. Las ganancias derivadas de esta producción son limitadas por los pagos debidos a los terratenientes, así como por los bajos precios de sus productos, necesarios para poder competir con los productos importados que venden grandes almacenes de cadena. Por esta razón, es de vital importancia la formalización de la tenencia y el acceso a la tierra, especialmente en zonas que han sido altamente afectadas por el conflicto, para el desarrollo del campo colombiano.

Líderes asesinados entre 2016 y 2020 cuyo trabajo estaba relacionado con la lucha en contra de la agroindustria expansiva, la restitución de tierras y a impulsar la reforma agraria.  La animación de la esquina superior izquierda destaca los 5 departamentos más afectados en esta categoría. Finalmente, el panel inferior muestra el número (y porcentaje) de líderes asesinados de acuerdo al sector social al que pertenecían.

¿Qué soluciones hay para este problema?

Lo primero es reclamar y verificar el cumplimiento de dos programas muy importantes que fueron discutidos en los Acuerdos de Paz de 2016: (1) un programa de sustitución de cultivos sólido y estable que genere confianza en el agricultor y resultados económicos para el país y (2) una Reforma Rural Integral que garantice la integración económica de las comunidades rurales pobres a través de la titulación de tierras y la extensión de los servicios estatales (e.g. construcción de vías, asesoramiento técnico, subsidios sobre insumos, etc.).

Por ejemplo, el Congreso de la República tiene hasta este domingo 20 de Junio para ratificar el proyecto de Especialidad Agraria el cual busca equilibrar la desigualdad en las relaciones de uso y tenencia de la tierra. Como ciudadanos debemos ejercer presión y vigilancia sobre el gobierno de turno y sobre los organismos de control nacionales para la implementación y correcto cumplimiento de estos programas. Además es nuestra obligación exigir a los próximos gobernantes transparencia sobre su postura acerca de los Acuerdos de Paz y acciones claras para la defensa y mantenimiento de programas para el desarrollo social.

Desde las ciudades también podemos apoyar a nuestros campesinos. Iniciativas como las canastas campesinas o “Compra lo nuestro” apoyan la distribución de productos producidos en el país y aumentan los ingresos de los pequeños y medianos empresarios colombianos. Esto no solo es bueno para la economía nacional sino también para la salud física y ambiental, al favorecer el consumo de alimentos frescos y reducir la huella de carbono generada al movilizar productos desde el exterior.


El campo colombiano tiene un potencial de crecimiento inmenso. Colombia cuenta con una frontera agrícola de aproximadamente 40 millones de hectáreas, de las cuales solo 8 millones son cultivadas actualmente11. Con una inversión y vigilancia adecuadas, nuestra región tiene las condiciones climáticas y ecológicas apropiadas para la producción de una gran diversidad de alimentos, que seguramente tendrán un gran impacto en el mercado mundial. Incluso durante la pandemia, el sector agro ha sido uno de los pocos que registra crecimiento, lo cual muestra la gran resiliencia de nuestros agricultores. Con más razón, el estado colombiano debe velar por sus agricultores y proveer las mejores condiciones posibles para que estos desarrollen todo su potencial. 

El panorama actual, sin embargo, no es tan positivo. Muchos líderes y lideresas sociales continúan siendo asesinados al defender su derecho a la tenencia y utilización de la tierra contra intereses de grandes consorcios y grupos ilegales. Esta terrible situación en la que están actualmente los líderes ambientales en Colombia, y en el mundo, no da espera. Son urgentes medidas claras y contundentes por parte del gobierno y demás entidades estatales para frenar la masacre de nuestros líderes y lideresas ambientales. Pero también es importante que nosotros como ciudadanos tomemos decisiones de consumo y más importante aún, decisiones electorales acertadas.

BOX 1. La palma de aceite y los indígenas Nukak-Makú en el Guaviare

 

Los indígenas, pese a representar un pequeño porcentaje de la población colombiana, han sido, después del campesinado (ver figura), el grupo más afectado por la violencia contra líderes agrícolas y ambientales. Uno de los casos más ejemplares que se han visto recientemente ha sido la lucha de los grupos indígenas del Guaviare, particularmente los Nukak-Makú contra la agricultura ilegal expansiva que ha ‘florecido’ luego del Acuerdo de Paz del 2016.


Después de la ganadería y la siembra de cultivos ilícitos, la palma de aceite es la mayor causa de deforestación y enfrentamiento entre indígenas y colonos en la región amazónica. El aceite de esta palma es utilizado en la industria cosmética, alimenticia y energética, entre otras, para la elaboración de productos como jabones, chocolates, galletas y biocombustibles. Por lo tanto, la palma de aceite es un producto codiciado en el mercado nacional e internacional. Aunque la mayor parte de la producción global (84%) se concentra en Indonesia y Malasia, Colombia es actualmente el principal productor Sudaméricano y tiene potencial para ser un actor importante en este mercado. En nuestro país, la entidad encargada de regular este mercado es Fedepalma, la cual agremia a productores y compradores de los 21 departamentos que están registrados ante la entidad. Sorprendentemente, el Guaviare no está en esta lista. Entonces… ¿por qué este cultivo está afectando el territorio y la vida de los indígenas Nukak? ¿Y por qué no hay evidencia ante Fedepalma del cultivo en este departamento?


Los cultivos ilegales de palma de aceite que están deforestando la Amazonía colombiana y desplazando a las comunidades indígenas parecen no tener dueño. Hay “rumores” que detrás de estos cultivos están algunos grupos ilegales, incluyendo disidencias de las FARC, el Cartel de Sinaloa e incluso colonos que llegan del interior del país. Sin embargo, como José Jacinto Cubides, secretario de Agricultura de la Gobernación del Guaviare, dice en una entrevista para Mongabay Latam12: “Acá viene gente y se apropia de 500 o 1000 hectáreas, pero colocan a unos intermediarios que no son los verdaderos dueños ni están poniendo la plata para tumbar [bosque]. Pero el problema es que si usted denuncia luego se vuelve objetivo militar y nadie se va a arriesgar a perder la vida”. Esto nos muestra la dimensión del problema y la dificultad para frenarlo. Aunque existe una clara idea de cuánto bosque ha sido deforestado y en dónde, no es claro aún cómo detener esta catástrofe.


La Ley 2/59 y el Decreto 111/59 por los cuales se establece la Reserva Forestal de la Amazonía, como sitio para “la conservación y la supervivencia étnica y cultural de las comunidades indígenas” y “de sus aguas, la fauna silvestre y los suelos” protege tanto a los Nukak-Makú como a sus territorios. En 2018, el Juzgado 1 Civil del Circuito Especializado en Restitución de Tierras, de Villavicencio, decretó una medida cautelar a favor de los indígenas Nukak que denuncia los atropellos contra la comunidad y le ordena a la Fiscalía General iniciar acciones penales contra delitos ambientales. La Fiscalía General señala que entre 2018 y 2021 se han realizado varios operativos para judicializar a las personas que están involucradas en estos delitos13. Por su parte, Fedepalma asegura también que se están haciendo esfuerzos para que las empresas productoras, transformadoras, comercializadoras y consumidoras del aceite de palma en Colombia puedan demostrar que sus procesos están libres de deforestación. Para ello, estas entidades deben poder asegurar completa trazabilidad del producto14, para saber de donde proviene el fruto y si proviene de una plantación ilegal que está deforestando el Guaviare. Sin embargo, en la práctica, pareciera que estos esfuerzos están sirviendo de poco pues cada día la Amazonía colombiana y los pueblos que viven en ella, se ven afectados por el avance de la “civilización”. Los Nukak-Makú son hoy un pueblo desplazado15, en acelerada pérdida de sus tradiciones, con muchas enfermedades y desnutrición crónica debido al casi nulo acceso a servicios de salud. Esta condición causa que algunos indígenas salgan de sus asentamientos y se dediquen a actividades ilegales para conseguir un sustento para ellos y su comunidad. Según la Organización Indígena de Colombia (ONIC) algunos indígenas son contratados por colonos para recolectar hoja de coca, y otros roban ocasionalmente algún producto a los dueños de las tierras16


La deforestación de la Amazonía es un negocio muy rentable, frenar su avance ha sido y será una tarea muy difícil, incluso durante la pandemia17. El combate efectivo contra la deforestación requiere una acción por parte del gobierno que integre el despliegue de la fuerza pública, el fortalecimiento y cumplimiento de las normas establecidas, pero sobretodo, una gran inversión social (formación educativa e infraestructura) para promover el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales en estas zonas megadiversas del país. La recuperación de los Nukak luego de su primera interacción con colonos en 1963 ha sido lenta, si no inexistente18, y ahora son amenazados nuevamente por la deforestación y la expansión agroindustrial que los están sacando de aquellos territorios que fueron alguna vez promesa de una nueva vida.

Sigue leyendo Morir defendiendo la vida:


Introducción: La ignorada lucha de los líderes ambientales en Colombia


# 1: Agricultura y territorio: Agroindustria, reforma agraria y restitución de tierras


# 2: Cultivos ilícitos: Una historia de resistencia, represión y olvido


# 3: Megaproyectos y aguas: Minería, industrias extractivas y gran no des represas e hidroeléctricas



Referencias


  1. Periódico El Espectador (2009). Agro Ingreso Seguro habría favorecido a narcos. Disponible en: https://www.elespectador.com/politica/agro-ingreso-seguro-habria-favorecido-a-narcos-article-165592/ 
  2. Revista Semillas (2014) Los TLC y la crisis del sector rural tocó fondo. Disponible en: https://www.semillas.org.co/es/los-tlc-y-la-crisis-del-sector-rural-toc
  3. Forero Rueda, S (2021) Entre 2016 y 2020, 75 líderes de sustitución de coca fueron asesinados. Disponible en: https://www.elespectador.com/colombia-20/conflicto/entre-2016-y-2020-75-lideres-de-sustitucion-de-coca-fueron-asesinados-article/
  4. Clerici, N., Armenteras, D., Kareiva, P. et al. (2020) Deforestation in Colombian protected areas increased during post-conflict periods. Scientific Reports 10, 4971.
  5. BBC News Mundo (2020) Deforestación: los 10 países que perdieron más bosque virgen en el mundo (y 5 están en América Latina). Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-52915114 
  6. Indepaz. (2020) Informe especial: Líderes sociales y defensores de los derechos humanos asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz (2016-2020). Bogotá: Colombia. Disponible en: http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2020/07/Informe-Especial-Asesinato-lideres-sociales-Nov2016-Jul2020-Indepaz.pdf 
  7. Global Witness. (2020) Defendiendo el mañana: Crisis climática y amenazas contra las personas defensoras de la tierra y del medio ambiente. Versión 3. ISBN: 978-1-911606-43-7 
  8. Ramiro Chavarro, C. (2018) A cultivar oportunidades. Revista Portafolio. Disponible en:  https://www.portafolio.co/opinion/otros-columnistas-1/carlos-ramiro-chavarro-a-cultivar-oportunidades-514204 
  9. Orozco García, T (2021) La transformación estructural del campo, una prioridad. Oigo Paz. Disponible en: https://oigopaz.org/inicio/mediacenter-1/publicaciones/la-transformaci-n-estructural-del-campo-una-prioridad-1 
  10. Banco Mundial (2019) Los árboles y las vacas ofrecen un camino para la recuperación en Colombia. Disponible en: https://www.bancomundial.org/es/news/feature/2019/07/08/trees-and-cows-offer-path-to-recovery-in-colombia 
  11. Santoro, F (2020) El sector Agro colombiano promete en 2021. AgroNegocios. Disponible en: https://www.agronegocios.co/analisis/flavia-santoro-2807402/el-sector-agro-colombiano-promete-en-2021-3101623 
  12. Ibarra, TP (2020) Colombia: indígenas Nukak-Makú acorralados por palma, coca y bandas criminales. Mongabay Latinoamérica: Cercados por la palma, especiales transnacionales. Disponible en: https://es.mongabay.com/2020/10/palma-de-aceite-en-colombia-ilegalidad-indigenas-nukak-guaviare/
  13. Revista Semana (2021) Avanza la cruzada de la Fiscalía para frenar la deforestación en Colombia. Disponible en: https://www.semana.com/avanza-cruzada-de-la-fiscalia-contra-la-deforestacion-en-colombia--noticias-hoy/59479/ 
  14. Fedepalma (2019) Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite: Informes de gestión. Disponible en: https://web.fedepalma.org/informes-de-gestion-fedepalma 
  15. Nukak (2020) Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). Disponible en: https://www.onic.org.co/pueblos/1128-nukak-maku 
  16. Zimmermann, ML (2018) Nukak Makú: el hambre se apodera del último pueblo indígena nómada de Colombia. Mongabay Latinoamérica. Disponible en: https://es.mongabay.com/2018/05/pueblo-indigena-nukak-maku-en-peligro-en-colombia/ 
  17. Democracia abierta (2020) Ni la Covid-19 detiene la deforestación en la Amazonía. Disponible en: https://www.opendemocracy.net/es/ni-la-covid-19-detiene-la-deforestacion-en-la-amazonia/?source=wa 
  18. Adarve, P (2012) Los nukak: conviviendo con Occidente. Boletín OPCA, 04, 56-61. Disponible en:  https://opca.uniandes.edu.co/los-nukak-conviviendo-con-occidente/